Gerenciando… desde el principio

La gran mayoría de los que vivimos el mundo empresarial soñamos desde nuestras primeras prácticas con ser jefes, con ser gerentes lo más rápido posible.  Nos esforzamos mucho e hicimos los planes para llegar al destino sin llegar realmente a dimensionar las competencias que necesitamos incorporar para una vez logrado ese objetivo, poder seguir desarrollándonos.

En las últimas semanas he conversado con varias personas que han sido ascendidas a gerentes o jefes siendo muy jóvenes.  No es de sorprender que estén emocionados, con ganas de comerse el mundo, y a la vez atemorizados por lo que se viene, y sin muchas herramientas para enfrentar estos retos.

Pasar de ser un colaborador individual a ser responsable de un equipo de personas no es algo menor.  Ser jefe no es fácil, y una de las competencias más difíciles en el mundo ejecutivo es aprender a trabajar con otras personas.  Cada una tiene diferentes motivadores y distintas maneras de entender cómo se deben hacer las cosas.  Como jefe tu trabajo es comprometer a tu equipo, cerciorarte que todos conozcan sus responsabilidades y asegurar que se cumplan los plazos.

Dentro de este nuevo escenario, una de los asuntos que más cuesta es delegar.  Pasar de hacer las cosas directamente tú, a ahora encargarlas a otros no es tarea fácil.  Sucede también que algunos jefes no confían en sus colaboradores y terminan haciendo el trabajo de todos, olvidándose de sus propias responsabilidades y de las razones por las que lo nombraron jefe o gerente en primer lugar.  Cualquiera que sean los motivos recuerda que si microgerencias tu equipo no aprenderá, no se desarrollará y por lo tanto tu tampoco lo harás ya que no serás capaz de absorber mayores responsabilidades.

No olvides que tus colaboradores necesitan saber los objetivos del encargo, las metas a encarar y tus expectativas de la labor a realizar. Es importante tener en consideración que necesitas dar instrucciones muy claras sobre lo que esperas de ellos.  En la medida que asegures que las instrucciones – o condiciones de satisfacción – están muy bien estipuladas, tu equipo regresará con menos preguntas al hacer el trabajo y confiarán más en ti como jefe.  Cuida además no tomar el crédito por lo que otros han hecho.  Si tus colaboradores han realizado una muy buena presentación, no te adueñes de ella.   Lucirás más profesional y desarrollarás tu liderazgo cuando le des crédito a las personas que corresponde, y además en adelante tu equipo estará mucho más comprometido contigo.

Por otro lado, como jefe estás expuesto a mayores exigencias y seguramente vivas situaciones que por momentos te hagan sentir frustrado o de mal humor.  Recuerda que un gerente es reflejo de su empresa y necesitas aprender a manejar tus frustraciones y no descargarlas en tus colaboradores.  No siempre las cosas van a salir como esperas, es importante tener esto en cuenta cuando se trata de liderar un equipo de personas.

Por último, asegúrate de no hacer promesas que no puedas cumplir.  Si vas comprometerte a un aumento, un ascenso o un bono, asegúrate haberlo conversado con las personas y áreas que corresponde.  Es sorprendente la cantidad de promesas no cumplidas que se hacen en este sentido por temor a que el colaborador renuncie, generando así un ambiente de desconfianza.  Si prometes algo asegúrate de poder cumplir.

Finalmente, ser un buen gerente es un proceso de desarrollo interminable y si empiezas por estas pocas recomendaciones podrás encaminarte hacia el rumbo de tu liderazgo.

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